"En ciertos pueblos, el amanecer nos trae el nuevo día, una nueva vida escapando de aquellos desastre que nos atormentan en la oscuridad, aquellos que se pierden constantemente este momento irán perdiendose de a poco en el ocaso gradual de sus vidas." Viaje a la eternidad.
La mañana desperto al tabernero de mala gana y es que hay gente que prefiere la decadencia de todo comienzo, su taberna representaba una gran iglesia de dicha frase. ¿Quién no busca desesperadamente perderse? resonaban los escalones, cuando el mugriento ser se acerco a su igual de inmunda barra. De un solo vistazo fulmino su reino, viendo los estragos del alba, deseo el fulgor y la alegría de la noche, falsa como él, como lo que comía y lo que bebía; ilusoría como el dinero que recibia o las mujeres que caían con él, todo se lo quedaba los primeros rayos, todo. Sólo en esos momentos, aquel hombre deseaba que Morgoth se hubiera robado la luz.
A mediodía el movimiento retornaba a la famelica ciudad, la nutría brevemente dejandola toser y sacudirse un poco, refrescandole la cara y embelleciendola para la noche. Entonces entro una extraña mujer, seguida de un peculiar sujeto y esté acompañado de un enigmatico viajero, uno tras del otro como siguiendose, pisandose los talones o huyendo de la misma causa. Su taberna los observo, a traves de las sillas, los vasos o de su propio amo y señor, desnudo sus almas lo más que pudo intentando decifrar la razón, terminado el juicio la sentencia se elevo en forma de un ebrio que se confundía con el paisaje atraido por el veredicto de aquella hoja que colgaba del poste de la taberna. El tabernero hablo y sus cuatro marinos se perdieron en sus olas, para el mugriento rey había amanecido.
lunes, 19 de octubre de 2009
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