domingo, 28 de diciembre de 2008

Prologo 3 Saidé, la mujer del desierto

Las arenas no hacen justicia al tiempo al que se le atribuye, no hay memoria en sus parpados eternos para el recuerdo, ni menos para el olvido en ese sentido eterno del paso del timpo.

Saidé era hija de la eternidad concebida en dogma de los pueblos que flotan en el desierto. Su pelo morado delataba su anormal condición de ser ajena a su tierra, pues lo que ella añoraba era el bosque y las hierbas, las hojas verdes y el poder del curandero.

Criada entre los caballos, expuestas a los trabajos mundanos, Saidé espero florecer entre el guano y espero la hambruna y la decadencia. Fue en el momento que su pueblo sufria cuando fue impulsada a lo que más queria. Nadie de todos sus enemigos, nadie de todos los conservadores impidio a la joven animista llegar a la taberna de Bree aquella dulce noche, a esperar la aventura del mañana.

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